Artículo escrito por Raúl Serrano, revista Viva –diario Clarín-.

 

 ¿Cualquiera puede ser Actor?

 

“Lo que natura non da, Salamanca non presta”

 

La gente se pregunta si uno puede ser actor porque sí o si es necesario estudiar para ello.  A nadie se le ocurriría preguntar si para tocar el piano o el saxofón hay que estudiar, pero, en el caso del teatro, ¿quién tiene que enseñarle a la gente a hablar, a caminar, o a amar algo, si lo hace todos los días?  Pareciera que hacer sonar el instrumento humano es más fácil que lograrlo con uno musical, pero, en realidad, no es así.

 

Actuar significa producir sobre la escena la conducta humana con todos sus componentes: los exteriores y visibles, y los interiores más ocultos, aquellos mecanismos que dependen de la voluntad y aquellos que no, como las emociones.

 

Lo que resulta relativamente fácil es caminar –inexpresivamente- o hablar como si nada nos estuviera ocurriendo y poner cara de enamorado.  Pero lograr sobre la escena una conducta orgánica, (esto es: pensar, poner el cuerpo y sentir como en la vida), es un poco más complejo.  En la escena no hay estímulos reales, el actor que hace de Romeo no necesariamente debe amar a la actriz que hace de Julieta.  La verdadera tarea del actor es producir presente, sensación de primera vez sobre la escena y no la de repetir algo ya ensayado.  Y eso no es sencillo.

 

Si yo quisiera medir el verdadero talento de un actor no lo pondría a declamar el monólogo final de Ricardo III, sino que lo haría tomar un café, el último de su vida antes de suicidarse: no puede haber allí grandes gestos, énfasis inútiles.  Y sin embargo… el público deberá acongojarse.  Esta es la verdadera técnica.

 

Y para complicar más las cosas, les diré que nos es que haya buenos actores porque existen profesores de teatro sino al revés, hay profesores de teatro porque pueden observar y enseñar lo que hace un gran actor.

 

La técnica del actor es casi invisible como calificó Saint Exupèry a las cosas trascendentes.